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Viernes, 10 de septiembre de 2010; Número  118
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CARDIOLOGÍA
Conocer los síntomas ayuda a ganar tiempo

El 40% de las personas con infarto grave fallece sin llegar al hospital, algo que podría evitarse actuando con rapidez
Lucía Barrera bien - 16/07/2010 
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Se estima que en nuestro país cada año se producen entre 70.000 y 75.000 infartos graves. De éstos sólo llegan a ser atendidos en el hospital el 40 por ciento, lo que implica que un gran número de estas personas fallece antes de recibir atención médica. Este porcentaje podría reducirse en la mitad —según apunta el doctor Carlos Macaya, presidente de la Sociedad Española de Cardiología— si el enfermo y su entorno es capaz de identificar la gravedad de la situación y tomar las medidas inmediatas para su traslado a un centro hospitalario. Y es que el tiempo medio que transcurre desde que comienza el infarto hasta que se llega al hospital suele ser de tres horas.

¿Cuáles son los síntomas que deben hacernos sospechar de un infarto? El primero es la aparición de un dolor en cualquier parte del tórax, especialmente en el centro, en el esternón. Se trata de un dolor muy fuerte e intenso y de carácter opresivo, como si una losa cayera sobre el pecho, no es punzante ni tipo cólico —que va y viene— sino que persiste y no se modifica. A los pocos minutos de empezar, el paciente comienza a sudar, se pone pálido, y la frecuencia cardiaca se acelera o enlentece. Asimismo, la dificultad para respirar, las ganas de vomitar o la pérdida de conocimiento también son habituales.



Diferenciar con la angina de pecho

En cuanto al dolor en el brazo, normalmente izquierdo, el cardiólogo explica que es también debido a la falta de riego al corazón, si bien, se debe normalmente a una angina de pecho, lo que debe considerarse "como una advertencia de infarto", suele durar intervalos de dos o tres minutos y normalmente se produce en la cara interna del brazo, antebrazo y mano. La diferencia con el infarto es que en la angina de pecho, las células del corazón no se mueren debido a la falta de riego sanguíneo. "El mensaje a transmitir es que cuando se tiene un dolor intenso en el pecho que no se vaya al cabo de 10-15 minutos y además se empiece a sudar, que se piense que puede ser un infarto", plantea el doctor Macaya advirtiendo de que lo mejor que se puede hacer en estos casos es llamar a los servicios de urgencias, y si garantizan que van a tardar 5-10 minutos esperar en casa, pero si el tiempo de espera va a ser más de media hora es conveniente acudir directamente a un hospital donde con un simple electrocardiograma se puede diagnosticar el evento.

El siguiente paso en la atención médica es intentar abrir la arteria bloqueada por las placas de grasa o ateroma —que está detrás de la mayoría de los infartos— mediante una angioplastia, en la que se introduce un catéter para llegar a la coronaria obstruida, abrirla y poner un stent o malla metálica donde se ha producido el trombo. Asimismo, mientras que en la fase aguda se utilizan fármacos anticoagulantes y antiagregantes, una vez que se sale del hospital se aplican sólo los segundos, un campo donde cada vez se registran más avances, según el doctor Macaya.

Con todo, más allá del tratamiento farmacológico es esencial, por un lado, controlar los factores de riesgo tales como el sobrepeso, la hipertensión, la diabetes, el colesterol, el tabaco y el alcohol y por otro, practicar ejercicio físico. "Si no se llevan a cabo estas medidas la probabilidad de sufrir un segundo infarto a los tres o cuatro años es muy elevada", concluyó el especialista.


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